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5 de noviembre de 2011

"Señor Presidente"






Esta no es una carta constructiva, ni mesurada; y si la pretendiera respetuosa vendría encabezada: Excelentísimo Señor. Supongo que lo que el arriba firmante pueda decir le importa a usted un carajo; tanto como parece importarle, a tenor de su talante y maneras, la opinión del resto de mis compatriotas; que por cierto son los suyos. Pero usted se desahoga paseando por Doñana, dando escopetazos en las fincas de los compadres o probándose ante el espejo la púrpura imperial, y yo me desahogo dándole cada domingo a la tecla. Cada uno se lo hace como puede.



Quería contarle que estaba el otro día hojeando papeles, cuando encontré un recorte de prensa, viejo de doce años, con su foto y la firma del arriba firmante. Era un reportaje publicado en Pueblo bajo el título
Noche de esperanza. Sólo unas horas antes usted y el PSOE acababan de ganar las elecciones, y yo acababa de regresar de una de esas guerras donde me ganaba la vida. La victoria del PSOE en las urnas era un acontecimiento histórico, así que Chema Pérez Castro, mi redactor jefe, movilizó a toda la tropa para cubrir el asunto. A mí me tocó el ambiente de la calle, por si había follón. No lo hubo. Por el contrario, mi crónica fue un largo relato de explosiones de alegría, de confianza en futuro. Y terminaba citando las palabras de una joven pareja: “Es una buena noche para tener un hijo”.



El hijo, señor presidente, si lo hubo, tendrá ahora casi doce años. En ese tiempo, los votos que a usted le dieron el poder lograron que por las ventanas de este país entrase aire fresco, y que entre otras cosas se modernizara la infraestructura de obras y servicios, que las mujeres ya no vayan a la cárcel por abortar, y que algunas clases menos favorecidas y los pensionistas lleguen mejor a fin de mes. Todo eso está muy bien y me alegro, porque es exactamente para lo que se le votó. Pero lo que ya no me gusta tanto es el precio que usted nos ha cobrado por ello. Como factura es muy alta, y afecta a nuestros sentimientos y nuestra dignidad. Y eso tiene mucho delito.



¿Sabe una cosa? La Historia y la política tienen comprensibles altibajos. España es un país muy atravesado y muy difícil, y uno hasta sería capaz, quizás, de resignarse o perdonar los errores y las bajezas. Perdonar, por ejemplo, como el periodista que fui, que me cerrase Pueblo a traición apenas se hizo con las riendas del cotarro, y que envileciera la radio y la televisión estatales hasta la indignidad y la desvergüenza. Podría perdonarle también las reconversiones salvajes y las canalladas fiscales de sus sicarios; esos que después de haber puesto el país patas arriba y contra las cuerdas so pretexto de Europa y de la madre que la parió, se fueron todos de rositas como al final se irá usted dejando la lista de daños y reclamaciones a cargo del maestro armero. Y podría, puestos a ello, perdonar también todo el compadreo de la gentuza más o menos guapa que, al socaire de la impunidad que su poder absoluto les brindaba, señor presidente, amasaron miles de millones manejando información confidencial y chanchullos varios mientras usted garantizaba su honorabilidad con la suya propia. Gente que una vez pase la tormenta vivirá tan campante con sus cónyuges y sus ahorros y sus porcelanosas, supongo que eternamente agradecidos.



Podría perdonarle también todo lo demás. La sonrisa y los plurales de su ministro Solana, verbigracia. O la abyecta chapuza del GAL. Luis Roldán. Carmen Salanueva. Los fondos reservados. El descrédito de las instituciones. Tirar por la borda, por imprevisión y descontrol, todos los logros antiterroristas de la última década. Podría perdonarle lo de Manglano y Narcís Serra –si eso no es perdonar, que baje Dios y lo vea-. O por hacer que Europa y el mundo nos sodomicen reiteradamente, tanto cuando no tenemos razón como cuando la tenemos. Podría perdonarle estar dispuesto a todo, incluso a salpicar al rey –único salvavidas sin agujerear que queda-, comportándose como una conductor irresponsable borracho, dispuesto a llevarse la monarquía parlamentaria por delante con tal de seguir en la carretera. Podría perdonarle cualquier cosa, ya lo ve. Hasta que mi madre vote ahora al PP. Hasta que la peseta sea una mierda, y que yo vuelva a avergonzarme, gracias a usted, de ser español cuando salgo por ahí. Hasta podría perdonarle esa cara que se le ha puesto, abortargada de poder y de soberbia. Pero lo que nunca podré perdonarle es incapacitarme para escribir otra crónica como la de aquella lejana noche de esperanza. Porque en estos doce años usted nos ha robado la inocencia.



Hágame un favor. Váyase a hacer puñetas, señor presidente.





ARTURO PÉREZ-REVERTE (1995)

26 de octubre de 2010

Lavado de cara y enjuague de boca



Hace tiempo que "la casa" pedía limpieza, aires nuevos para mantener a la audiencia. Los nominados y nominadas esta vez no han sido seleccionados por fieles televidentes sino por el gran líder. Como en los tiempos del one Felipe González el relevo del vocero oficial del gobierno lo toma Pérez Rubalcaba, si es que no dejó de tenerlo en sus manos. Se cierra el círculo. Como en una cinta de Moebius. Se han acabado las cuotas y los gestos afables. Suenan tambores de guerra y hay que volver a pintarse el rostro para luchar por el gran jefe Hijo del Viento: muerto ya el talante arenga a sus huestes para la batalla. Con uñas y dientes, con tumbas removidas o polvo blanco, con lo que sea para evitar "la catástrofe".



Hablando de los defenestrados, desconocía el riesgo de que padeciesen una especie de depresión post-ministerial producida por el vacío de actividad -y de poder- al que se ven abocados al devolver los donuts y la cartera. A diferencia de la post-vacacional, ésta sucede cuando el sujeto ministro o ministra deja el curro. En otras palabras, el trastorno como consecuencia de volver a ser un -o una- "mindundi". De tener una agenda frenética a no saber a qué dedicar tanto tiempo libre. De que le cojan a uno el teléfono a la primera al "ya le llamaremos". Pero se olvidan de lo más importante: el coche oficial. Presentarse en taxi si no se dispone de vehículo propio en las visitas de cierto caché, aunque sea en la Moncloa no deja de ser cutre para un culo (mire por dónde señora Pajín también es masculino, como nuestro P.I.B. Con razón me sonaba el parecido) que otrora ocupara el ilustre sillón. Por supuesto que hay excepciones, explican los expertos en la fauna humana, en función de la madurez del individuo, de la consciencia desde el primer día de la temporalidad que tiene el cargo, o de ganas locas de que el marrón se lo coma otro (como si al honorable le pusieran una pistola en el pecho para jurar el cargo) o de que sean capaces de buscarse la vida en otra profesión -o regresar a ella- fuera de la política. Las comparaciones son odiosas, mientras algunos se montaron el chiringuito dando conferencias, bien ocupando altos cargos en empresas o dirigiendo el mayor tinglado de los dineros mundiales, otros rellenarán su curriculum con poco más del "y nunca más se supo" aunque, eso sí, cobrando del Estado.



Para los malpensantes, por una vez no van a acertar: lumbreras y patanes se reparten en uno y otro lado del espectro político de "Estepaís" como en toda democracia que se precie. No pasaron ni veinticuatro horas del nombramiento de la nueva ministra de Sanidad para que un alcalde del pepé soltara una lindeza por esa boquita sobre cierta parte de la anatomía de la ministra. Con lo bien que iba el tío con los condones para todos, vuelta a los 60, etcétera, etcétera como le ocurre al incauto delantero que "se llena de balón" y la pifia al rematar a bocajarro a portería. Tampoco voy yo a pensar que le ha hecho un gran favor a su paisano al conseguir que se hable más del "desliz" que de la gestión de su recién estrenado gabinete. Un personaje público, alcalde de una gran capital por más señas, no se puede permitir ciertos lujos y menos a unos meses vista de elecciones. Y aunque se vea como alcalde vuestro que soy durante los próximos cuatro años en Valladolid, que piense antes de abrir la boca que no sólo votan sus ciudadanos sino también los del resto de España. La rectificación es oportuna pero no suficiente para paliar tamaña cagada y Mariano debiera tomar cartas en el asunto. Lo mismo que piden a la mujer del César.






8 de octubre de 2010

Dos Nobel, un par de azotes para los totalitarismos


Ayer fue Vargas LLosa, hoy Liu Xiaobo. Desde una punta a otra del planeta han dado otra vuelta de tuerca a los apóstoles del pensamiento único: Jintao, Chávez, Kim Il Sung o la familia Castro por nombrar algunos ilustres socios del club. Esos dos hombres procedentes de culturas tan dispares defienden lo mismo: los derechos individuales ante el rodillo de Papá Estado. La procedencia izquierdista de Vargas Llosa lo hace aún más doloroso y a Xiaobo ya lo bautizan como el "Nelson Mandela chino".


Nuestro gran jefe, Hijo del Viento, ha renunciado a unirse a la petición internacional para la liberación inmediata del preso político Xiaobo seguramente para velar por nuestros numerosos intereses en Pekín en una indudable muestra más de su capacidad de sacrificio, al igual que pone la otra mejilla mientras el tirano rojo nos escupe cada vez con más fuerza desde el otro lado del océano al acoger y entrenar a terroristas españoles confesos en su territorio.


Vargas Llosa confiesa que lo primero que pensó cuando le comunicaron el premio fue que se trataba de una broma. Dudo que los comunistas chinos tengan ese término en su diccionario. Tampoco resulta gracioso por mucho que lo intente en su propio show televisivo ese aspirante a payaso en chandal. Su gran suerte ha sido topar con un país al que le iría bastante mejor si tuviera como responsable de la Diplomacia al sobrino de Copito de Nieve. Por desgracia esto tampoco es ninguna broma. Si hubiera un Nobel a la estupidez está claro que nuestro gobierno no tendría competencia.


27 de marzo de 2010

Liderazgo








"Soy el capitán de mi alma, soy el amo de mi destino"


Morgan Freeman como Nelson Mandela en Invictus




En Invictus Morgan Freeman se mete en la piel de Nelson Mandela. No voy a contar aquí la vida de este personaje creo que por todos conocido. No sé si la película retrata fielmente su etapa de presidente del gobierno sudafricano. Lo que si sé es que Freeman nos transmite un personaje de una gran talla humana. Una persona que es capaz de perdonar a los que le encerraron durante 27 años no debe ser fácil de encontrar.

No es que este Mandela sea un buen político, sino un auténtico líder. Sabe que para ser respetado primero tendrá que ganarse a sus enemigos. Desoyendo los consejos de sus partidarios, decide mantener a los springbucks, de raza blanca, en la selección de rugby del país que se enfrenta a la organización del campeonato mundial. Un reto añadido si tenemos en cuenta que no es un deporte que goce de las simpatías de la mayoría negra. Mandela quiere que la organización sea óptima y además que Sudáfrica se proclame campeona. El primer paso será invitar a tomar el té al capitán de la selección, François Pienaar (Matt Damon), en una escena que resume toda su personalidad. Poco a poco logrará embarcar también a los negros en su ambicioso proyecto. Desde el principio quiere dejar claro que su función será servir a su país, y con él a todos sus ciudadanos. Sin excepción.




El gran Morgan Freeman encarna todas las cualidades de este jefe-líder. Se preocupa por las circunstancias familiares de sus empleados: conoce los nombres de cada uno de los jugadores, y nota la ausencia de uno de ellos en un entrenamiento. Todos son importantes. Humildad: no es sólo el jefe, sino el que ayuda a conseguir un objetivo común. Algo fundamental en un deporte de equipo como es este y al contrario de lo que pueda parecer, de los más nobles que existen. Los jugadores son una piña tanto dentro como fuera del campo. Me han contado -no he podido comprobarlo- que cuando el equipo visitante salta al campo los locales le hacen un pasillo y tras el partido, les invitan a unos bocadillos y cervezas. Como en muchos deportes ¿verdad? La película vale también la pena por el espectacular Haka, la danza de origen maorí de la selección neozelandesa antes de comenzar el partido.


Ciertamente, algunos gobiernos son afortunados al contar con un verdadero líder.

30 de mayo de 2009

Gladiator Guardiola






Este es el hombre que ha llevado al F. C. Barcelona a lo más alto del fútbol. Un entrenador 'de la casa'. Guardiola es el profeta que ha triunfado en su tierra y demuestra que para un club como el suyo no es necesario irse muy lejos para encontrar al entrenador que sea capaz de dirigir un vestuario de lujo.


A pesar de que no se confiaba plenamente en él cuando tomó las riendas del primer equipo del F.C.B. ha sabido conducir a su equipo hacia la victoria. Es cierto que ha tenido la suerte de tener probablemente la mejor plantilla del continente, si no del planeta. Sin embargo Pep ha conjugado grandes virtudes para esta empresa: trabajo concienzudo desde el minuto cero de la temporada y ante todo, respeto al rival, no dando la liga por ganada hasta el final. Y a título personal, esa elegancia que ya le caracterizó como futbolista, no sólo en el vestir sino en sus modales fuera del campo.


Hay que felicitar al Barça por su excepcional temporada y a este técnico que demuestra ser grande sabiendo ganar. Y el Real Madrid debe ser el primero en hacerlo haciendo honor a la letra de su himno, y aprender del ejemplo que un día también le hizo grande, cuidando de su cantera.


Hablando de himnos, no me dio tiempo a ver la ceremonia el día del partido pero gracias a Youtube he podido remediarlo. Un angel bajó al Olímpico de Roma para cantar por boca de Andrea Bocelli. Lástima que los comentaristas de la tele se empeñaran en estropear tan sublime momento.

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