

Hubo un tiempo en que los pícaros vestían camisola y jubón y atacaban con dagas y espadas. Luego mudaron de vestuario y armas.


Ayer fue Vargas LLosa, hoy Liu Xiaobo. Desde una punta a otra del planeta han dado otra vuelta de tuerca a los apóstoles del pensamiento único: Jintao, Chávez, Kim Il Sung o la familia Castro por nombrar algunos ilustres socios del club. Esos dos hombres procedentes de culturas tan dispares defienden lo mismo: los derechos individuales ante el rodillo de Papá Estado. La procedencia izquierdista de Vargas Llosa lo hace aún más doloroso y a Xiaobo ya lo bautizan como el "Nelson Mandela chino".
Nuestro gran jefe, Hijo del Viento, ha renunciado a unirse a la petición internacional para la liberación inmediata del preso político Xiaobo seguramente para velar por nuestros numerosos intereses en Pekín en una indudable muestra más de su capacidad de sacrificio, al igual que pone la otra mejilla mientras el tirano rojo nos escupe cada vez con más fuerza desde el otro lado del océano al acoger y entrenar a terroristas españoles confesos en su territorio.
Vargas Llosa confiesa que lo primero que pensó cuando le comunicaron el premio fue que se trataba de una broma. Dudo que los comunistas chinos tengan ese término en su diccionario. Tampoco resulta gracioso por mucho que lo intente en su propio show televisivo ese aspirante a payaso en chandal. Su gran suerte ha sido topar con un país al que le iría bastante mejor si tuviera como responsable de la Diplomacia al sobrino de Copito de Nieve. Por desgracia esto tampoco es ninguna broma. Si hubiera un Nobel a la estupidez está claro que nuestro gobierno no tendría competencia.









