Hubo un tiempo en que los pícaros vestían camisola y jubón y atacaban con dagas y espadas. Luego mudaron de vestuario y armas.
3 de enero de 2011
Buenas noches y buena suerte
La semana pasada finalizaron las emisiones del canal de noticias 24 horas CNN+ para convertirse en otro show muy distinto, también 24 horas, Gran hermano. Con el sello editorial que ha caracterizado al grupo que no se cortaba un pelo en hacerle la cama al partido de la competencia, el resumen de prensa comenzaba por su buque insignia: el famoso diario independiente de la mañana, El País; y la periodista que recitaba sus titulares como si fueran Los Evangelios me recordaba a mi profesora de lengua del COU amenazando con preguntar en cualquier momento y cascarnos el punto negativo de rigor si nos cogía en un renuncio, pero lo cierto es que no daban nada mal el parte meteorológico y venía bien cambiar de aires -aparte de canal- del reciclado del 24 horas de Televisión Española que tengo juntos en el dial, aparte de un programa de entrevistas con un enfoque original. Ahora se me presenta un problema: no se me ocurre en qué grupo puedo encasillar el nuevo canal del tele-zoológico humano. Si al menos la tedeté me diera la oportunidad de sintonizar el Discovery o el National Geographic, pero en su lugar tenemos el tarot de Pichurri o la ristra del "refrito's channel". En La 2 de TVE ponen los documentales del doctor Félix Rodríguez de la Fuente 'El hombre y la Tierra' y tal vez podría asignarle el siguiente canal pero no me termina de convencer. Resulta que yo pensaba que lo de doctor era por su especialidad en estudiar tanto bicho suelto. Aunque en realidad fuera médico, lo cierto es que hoy día apenas noto la diferencia entre ambos oficios.
Hace ya unos cuantos años trabajé en otra de tantas empresas propiedad de don Jesús que también en paz descanse. Un día hablando sobre el apoyo de Prisa al pesoe un compañero decía que "el dinero no tiene color" viniendo a ser lo mismo 'lo podría haber hecho con el pepé o cualquier otro partido de haberle interesado'. Está claro que en aquel momento acertaron de pleno: se hicieron con el primer canal de pago en la televisión privada y el apoyo al gobierno de Felipe González le aseguraba una sustanciosa cifra de negocio para sus múltiples empresas, también fuera de España. De hecho llegó a decir que el presidente no tendría huevos para negarle ese canal. En diciembre del año 2010 han cambiado las tornas: los huevos y, sobre todo la pasta, los tienen otros.
Aquellos fueron tiempos de bonanza. Nos llevaban al Palace en el cóctel de Navidad. Luego la empresa fue creciendo de tal manera que consideraron apropiado separar a la morralla de la jet. No tuve el gusto de conocer personalmente al big Boss pero pude constatar que por mucho que sus empresas se pintaran de rojo les gustaba el verde y morado de los billetes de las entonces pesetas como al que más. Repasando la frase de mi ex-compañero dudo que no se quedara corto. No es que el dinero no tenga color, al parecer tampoco tiene sabor, ni siquiera hedor.
31 de diciembre de 2010
Feliz Año Nuevo
Hola, me llamo tal, dijo. Y no me perdonaría nunca dejarte salir de mi vida sin intentarlo. Ella lo miró despacio, evaluando su sonrisa algo tímida, la manera sencilla que tenía de estar de pie ante ella, encogiendo un poco los hombros como diciéndole ya sé que lo hemos visto muchas veces en el cine y por ahí, pero no puedo evitarlo. Te pareces a esas cosas que uno sueña cuando es niño. Lo consiguió. La felicidad le estallaba dentro y el mundo y la vida eran una aventura maravillosa. Bailaron, rieron. Compartieron sus mundos e hicieron que éstos empezaran a fundirse el uno con el otro. Música, cine, viajes, libros. Tiene cosas que yo necesito, pensó. Cosas que a mí me faltan. A veces se quedaban callados, mirándose un rato largo, y ella sonreía un poco, casi enigmática. Quizá se sienta como yo me siento, pensó él. Tocó su piel, rozándola con precaución al principio. Acercaron los rostros para conversar entre la música, acarició su cabello, respiró su aroma, asimiló cada registro de su voz. Algo hice para merecerla, pensó de pronto. Los años de colegio, la facultad, el trabajo, la lucha por la vida. Sentía que era un premio especial; que una mujer así no caía del cielo a cambio de nada. Eso lo hizo sentirse más seguro, más cuajado y adulto. Y en sólo unas horas, maduró.
Se hizo lúcido y se dispuso a merecerla. Llegaron las campanadas. Ding, dong. Todos bailaban y reían, brindaban, chocaban las copas salpicándose de champaña. Feliz 2001. Feliz año nuevo. Él nunca había sido muy sociable; tenía sus ideas sobre las fiestas de año nuevo en general y sobre la Humanidad en particular, y no eran ingenuas en absoluto. Sin embargo, aquella vez amó a sus semejantes. Los habría abrazado a todos.
Con la última campanada ella se quedó mirándolo en silencio, la copa en la mano, la boca entreabierta, y él se inclinó sobre sus labios. Sabían a champaña y a carne tibia, y a futuro. Alrededor los amigos aplaudían y bromeaban sobre el flechazo. Ellos seguían mirándose a los ojos y se besaron de nuevo, ajenos a todo. Y más tarde, rozando el alba, la acompañó a su casa. Se besaron de nuevo en el portal, mucho rato, y él regresó a casa caminando en la luz gris del amanecer, las manos en los bolsillos, sintiendo deseos de dar pasos de baile, como en las películas. Estaba enamorado.
Pasaron los meses y se amaron con locura. Ella estaba en el último año de carrera; él, a punto de conseguir el trabajo soñado. Viajaron juntos y hubo un verano maravilloso, el mar, los paseos por la playa, las noches cálidas. Cuando estaban juntos apenas necesitaban otra cosa. Ella se le aferraba, jadeante, sus ojos muy abiertos cerquísima de los suyos, abrazándolo como si pretendiera hundírselo para siempre en las entrañas. Te amaré toda mi vida, dijo él. Me parece que deseo un hijo, dijo ella. Que se parezca a ti. Que se nos parezca. El mundo era una trampa hostil, pero podía ser habitable, después de todo. Era posible, descubrieron sorprendidos, construir un lugar donde abrigarse del frío que hacía allá fuera: un refugio de piel cálida, de besos y de palabras. A veces se imaginaban de viejos, con nietos, libros, un pequeño velero con el que navegar juntos por un mar de atardeceres rojos y de memoria serena.
Aquel año consiguió el trabajo por el que había luchado da su vida. Un puesto de responsabilidad en una multinacional importante. El primer día que fue al despacho, al llegar a su mesa situada junto a la ventana con una vista maravillosa de la ciudad, pensó que había llegado a algún sitio importante, y que el triunfo también era de ella. Tenía que compartir ese momento, así que descolgó el teléfono y marcó el número de la casa donde ahora vivían juntos. Estoy aquí, lo he conseguido. Estoy en la cima del mundo, dijo. Y te quiero. Mientras hablaba, sus ojos se posaron, distraídos, en el calendario que estaba sobre la mesa: martes 11 de septiembre. Luego se volvió a mirar por la ventana. El día era hermoso, los cristales de la otra torre gemela reflejaban el sol de la mañana, y un avión enorme se acercaba volando muy bajo.
ARTURO PÉREZ-REVERTE
24 de diciembre de 2010
Feliz Navidad

En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
Al llegar, no encontraron alojamiento y se refugiaron en una gruta cercana que tenía la entrada protegida, con paredes y algo de techo y que se usaba para cobijar ganado. Estando allí se le cumplieron los días y dio a luz a Jesús; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre. Unos pastores aquella noche vieron un ángel resplandeciente que les daba la buena nueva:
-No os asustéis porque vengo a daros una noticia muy grata. En Belén os ha nacido hoy el Salvador, que es el Mesías, el Señor. Lo reconoceréis porque está envuelto en pañales y recostado en un humilde pesebre.
Una muchedumbre del ejército celestial se unió al ángel y exclamaba:
-¡Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que aman al Señor!
Los pastores acudieron presurosos y hallaron a María, a José y al Niño recostado en el pesebre y lo adoraron.
(Lucas 2, 1-20)
(Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 158)
23 de diciembre de 2010
En caída libre
Tomarás esa sangre con tus manos, la tuya propia y la de los demás. (Biutiful)
Otra tarde tonta de domingo, tan peligrosa que empuja a divagar o a mortificarse un poquito con el último dramón de la fábrica González Iñárritu para calmar mi vicio secreto. Cuando te metes en la sala a ver una de sus películas ya sabes a lo que vas. Es lo más parecido a una semana de pasión fuera de Semana Santa aunque no en el sentido religioso del término. En eso el trailer no engaña en absoluto: la sórdida existencia en los arrabales de Barcelona en pleno siglo XXI, pero que bien pudiera tratarse de cualquier otra gran ciudad con fuerte inmigración. Uxbal (Javier Bardem) está gravemente enfermo y busca desesperadamente un futuro para sus dos hijos pequeños en mitad de la inmundicia, con una madre que no ejerce como tal y buscándose la vida traficando con drogas y también con personas: una denuncia del negocio de la inmigración ilegal en el primer mundo, y no sólo la china.
Iñárritu escribió el guión pensando en Javier Bardem para el protagonista y una vez más su camaleónica interpretación no me defraudó. Al contrario que en Babel, esta vez ha preferido centrarse en un personaje y en un solo lugar lo que la hace también más claustrofóbica. Lo que sí comparten es que no son para deleitarse o evadirse, aunque consigue que salgas del cine pensando que hay gente con verdaderos problemas. Aunque para ser sincero, no me cuadra que alguien que guarda tanta pasta viva en un sitio tan cutre.
Ya no recuerdo si comencé a beber porque me dejó mi mujer o si fue al revés. Ben (Nicholas Cage) en Leaving Las Vegas.
Ben Sanderson (Nicholas Cage) es un publicista de éxito que es despedido debido a su adicción a la bebida. A partir de ese momento su vida se parecerá más a una bola de nieve. Por el camino encuentra a Sera (Elisabeth Shue), una prostituta que le acompañará en ese siniestro viaje hacia Las Vegas -dónde si no- para acabar sus días con la ayuda de su compañero inseparable. Personalmente me parece la película más demoledora acerca del alcoholismo junto con Días de vino y rosas; no en vano los protagonistas los encarnan sendos monstruos. Cage y Shue realizan uno de sus mejores trabajos, respaldado por una poderosa banda sonora con temas de Don Henley y Sting interpretando jazz el resultado no es menos impactante.
6 de diciembre de 2010
Estado de Alarma

21 de noviembre de 2010
A los leones con ellos
10 de noviembre de 2010
Cómplices de la infamia

4 de noviembre de 2010
No marques las horas

Cada vez que le echamos una hora más al último sabadete de octubre o se la quitamos al de marzo me acuerdo de un comentario que escribió un lector de uno de esos periódicos de distribución gratuita -llamar a algunos así me parece un insulto para los que son de verdad- pero hoy no me meteré en política, y menos aún con la canallesca. Volviendo al brillante comentario venía a decir algo así como esto: por muchas vueltas que demos a las agujas del reloj, las horas de luz solar son las mismas. La finalidad es trasladar el consumo de energía durante la mañana, que suele realizarse en las empresas, a la tarde-noche en los hogares. Fue publicado hace ya unos cuantos años, varios antes de la desaceleración económica devenida en puta crisis. Y con la que está cayendo lo raro es que no le saquen media hora más al domingo siguiente, con la cantidad de megawatios no consumidos -en las que no hayan colgado el cartel de cerrado o acudido al concurso de acreedores claro- aún se podrian saldar unas cuantas facturas pendientes que empiezan ya a coger color y no precisamente bronceado. Aunque a las seis ya sea casi noche cerrada en Estepaís salvo contadas excepciones, no cena a las siete ni Cristo, y menos se va a la cama a las nueve de la noche y mientras tanto, el contador de las eléctricas dando vueltas como los relojes de Jorge Sepúlveda y Los Panchos.
1 de noviembre de 2010
Réquiem por un marido y una hija

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena o platillos que aturden.
Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy.
Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.
Primera Carta del apostol San Pablo a los Corintios. Nuevo Testamento.
Azul es la primera parte de la trilogía Tres colores dirigida por Krzysztof Kieślowski una por cada color de la bandera nacional y los ideales de la Revolución Francesa. La protagoniza Julie Vignon (Juliette Binoche) quien pierde a su familia en un accidente de tráfico y una vez recuperada trata de romper drásticamente con su vida anterior destruyendo todo lo que la vincule a ella, o casi todo.
Su marido era un compositor de renombre al que le habían encargado una pieza con motivo de la creación de la Unión Europea -por entonces de los doce- y Julie destruye la partitura en la que él trabajaba. Sin embargo Olivier (Benoît Régent), su colaborador, intenta completarla a sus espaldas y poco a poco ella descubrirá que esa ruptura no le resultará tan sencilla. Y hasta aquí puedo contar...
Como toda película francesa que se precie, tiene su ritmo y sus lacónicos diálogos. Pero no se me asusten si están pensando en un castañazo de Rohmer. Azul no será comercial pero tampoco tan rara. Su verdadera fuerza reside en las imágenes más que en los diálogos y sobre la otra pierna que toda buena película tiene: su banda sonora original, compuesta por Zbiniew Preisner.
Tres colores, Azul aborda el primero de esos ideales revolucionarios -la libertad- con una fuerte simbología y presencia de este color pero Kieślowski no construye la trilogía de forma aislada, de hecho los tres capítulos se entrecruzan en algunos planos con lo que recomiendo a quien no los haya visto hacerlo en el mismo orden en que se estrenaron: primero Azul, luego Blanco y por último Rojo.
Da la casualidad que Kieślowski comenzó a trabajar en otra trilogía inspirada en La Divina Comedia pero falleció antes de terminar el guión.
26 de octubre de 2010
Lavado de cara y enjuague de boca


Hace tiempo que "la casa" pedía limpieza, aires nuevos para mantener a la audiencia. Los nominados y nominadas esta vez no han sido seleccionados por fieles televidentes sino por el gran líder. Como en los tiempos del one Felipe González el relevo del vocero oficial del gobierno lo toma Pérez Rubalcaba, si es que no dejó de tenerlo en sus manos. Se cierra el círculo. Como en una cinta de Moebius. Se han acabado las cuotas y los gestos afables. Suenan tambores de guerra y hay que volver a pintarse el rostro para luchar por el gran jefe Hijo del Viento: muerto ya el talante arenga a sus huestes para la batalla. Con uñas y dientes, con tumbas removidas o polvo blanco, con lo que sea para evitar "la catástrofe".
Hablando de los defenestrados, desconocía el riesgo de que padeciesen una especie de depresión post-ministerial producida por el vacío de actividad -y de poder- al que se ven abocados al devolver los donuts y la cartera. A diferencia de la post-vacacional, ésta sucede cuando el sujeto ministro o ministra deja el curro. En otras palabras, el trastorno como consecuencia de volver a ser un -o una- "mindundi". De tener una agenda frenética a no saber a qué dedicar tanto tiempo libre. De que le cojan a uno el teléfono a la primera al "ya le llamaremos". Pero se olvidan de lo más importante: el coche oficial. Presentarse en taxi si no se dispone de vehículo propio en las visitas de cierto caché, aunque sea en la Moncloa no deja de ser cutre para un culo (mire por dónde señora Pajín también es masculino, como nuestro P.I.B. Con razón me sonaba el parecido) que otrora ocupara el ilustre sillón. Por supuesto que hay excepciones, explican los expertos en la fauna humana, en función de la madurez del individuo, de la consciencia desde el primer día de la temporalidad que tiene el cargo, o de ganas locas de que el marrón se lo coma otro (como si al honorable le pusieran una pistola en el pecho para jurar el cargo) o de que sean capaces de buscarse la vida en otra profesión -o regresar a ella- fuera de la política. Las comparaciones son odiosas, mientras algunos se montaron el chiringuito dando conferencias, bien ocupando altos cargos en empresas o dirigiendo el mayor tinglado de los dineros mundiales, otros rellenarán su curriculum con poco más del "y nunca más se supo" aunque, eso sí, cobrando del Estado.
Para los malpensantes, por una vez no van a acertar: lumbreras y patanes se reparten en uno y otro lado del espectro político de "Estepaís" como en toda democracia que se precie. No pasaron ni veinticuatro horas del nombramiento de la nueva ministra de Sanidad para que un alcalde del pepé soltara una lindeza por esa boquita sobre cierta parte de la anatomía de la ministra. Con lo bien que iba el tío con los condones para todos, vuelta a los 60, etcétera, etcétera como le ocurre al incauto delantero que "se llena de balón" y la pifia al rematar a bocajarro a portería. Tampoco voy yo a pensar que le ha hecho un gran favor a su paisano al conseguir que se hable más del "desliz" que de la gestión de su recién estrenado gabinete. Un personaje público, alcalde de una gran capital por más señas, no se puede permitir ciertos lujos y menos a unos meses vista de elecciones. Y aunque se vea como alcalde vuestro que soy durante los próximos cuatro años en Valladolid, que piense antes de abrir la boca que no sólo votan sus ciudadanos sino también los del resto de España. La rectificación es oportuna pero no suficiente para paliar tamaña cagada y Mariano debiera tomar cartas en el asunto. Lo mismo que piden a la mujer del César.