
El gobierno ha decretado el Estado de Alarma previsto en el ordenamiento jurídico español para situaciones excepcionales durante quince días como consecuencia de la huelga de los controladores del tráfico aéreo al amparo un Real Decreto que el gobierno se sacó de la manga el mismo viernes 3 de diciembre. Un Estado de Alarma de
clamorosa ilegalidad según afirma
Luis del Pino en su blog.
Vamos a las cifras que tanto gustan a los medios: 650.000 personas afectadas por el conflicto, 80 millones de euros diarios de pérdidas en la última de las patas que ayuda a sostener nuestra maltrecha economía. Detrás de ellas, encuentros truncados, merecidos viajes de placer -y también de no placer- frustrados. Ciertamente
no muestran la cara más amable de este gremio, acusado de disfrutar de unas condiciones económicas al alcance de muy pocos y ahora también de haber reventado el puente más esperado del año. Lo más sagrado para el currante de este país, muchísimo más que la santa constitución española. Comparto que dejar a cientos de miles de ciudadanos en la estacada, aparte de una gran putada, es una irresponsabilidad como también lo es permitir que trabaje en las condiciones en que lo hace este colectivo con la aquiescencia de AENA y del gobierno. Son las voces de los
controladores y algún
afectado con un mínimo de sentido crítico que no se escuchan en los medios
tradicionales.
José Blanco, ministro de Fomento y demagogo inveterado, ha encontrado su cabeza de turco para camuflar la pésima gestión de su gobierno y los efectos de la crisis económica, ya con todas sus letras. Pérez-Rubalcaba, la cabeza pensante y la mano fuerte que mece la cuna por si alguien aún lo dudaba, ha sometido a los controladores previa firma del presi a las reales ordenanzas militares, en román paladín, que los controladores van a tener que currar por cojones bajo pena de ser acusados de desobediencia con lo que ello implica, como se hacía en tiempos pretéritos a esta nuestra constitución. No me negarán que resulta paradójico que el gobierno del progreso y del talante eche mano de los milikos que tanto les gusta a los fachas cuando el asunto se les va de madre. Y no digo que en ocasiones haya que hacerlo, como en tantas otras huelgas salvajes que los ciudadanos de este país hemos sufrido: como las del metro de Madrid que afectan a más de un millón largo de personas por cierto, o las de los pilotos -que al final suelen salirse con la suya y pelillos a la mar- o los ferrocarriles que casualmente se hacen en épocas de éxodo masivo de la ciudadanía.
Pero no se hace. ¿Por qué? Porque esos trabajadores tienen el derecho de ejercer su idem a la huelga. Y a ver quien es el guapo que manda al sargento Arensibia a conminar al piloto o maquinista que tenga la bondad de arrancar el motor y meter primera para primar el interés general sobre sus seguramente legítimas reivindicaciones, por supuesto en un tono de voz poco o nada suave ni pidiéndolo 'por favor' como la marcialidad española exige en estos casos e impedir que tantos trabajadores sufran un menoscabo en su mileurista sueldo. Ah, y casi se me olvida, porque esas huelgas las suelen convocar los sindicatos amigos o afines al sistema, o los lobbies de las alturas, nunca mejor dicho. Y al que no le guste ancha es Europa y el resto del extranjero.