7 de enero de 2009

Centro, rebajas y 'shopping' compulsivo






Un cóctel realmente explosivo ¿verdad?


Sin rebajas ya es suficientemente letal para la tarjeta de crédito. Por mucho que se empeñen en vendernos el burro de que hay cosas que no tienen precio tarde o temprano acabas pagando el pato. Los comerciantes han calculado el porcentaje de ventas que perderán este año. Aún así la tentación es difícil de resistir para un país que está acostumbrado a gastarse lo que no tiene. A veces tengo la ilusión de que las avalanchas que nos muestra el telediario el primer día de rebajas son un montaje del propio centro comercial para publicidad. Demasiado hermoso para ser cierto.



Una amiga me dijo que de convertirse en millonaria se pasaría el día de compras en la plaza del Callao. Cuánto cuesta la felicidad. Yo vivo a menos de 10 minutos de 'ese paraíso' pero me gusta ir de compras casi tanto como ver secarse un graffiti recién pintado. Mi ex-novia, al igual que mi amiga, también es de las que podrían vivir en las tiendas si le ofrecieran hospedaje. Lo que para ellas es una forma de ocio gratificante, para mí supone un auténtico suplicio. Salir de compras con ciertas personas es casi como irte a la guerra: sabes cuándo te vas y en qué condiciones. Pero ¡Ay de volver! Y cuando de buscar un regalo se trata tengo la sensación de tener una espada de Damocles hasta que doy con el apropiado.



Supongo que si algún día soy capaz de superar viejos temores y prejuicios podré comprarme la ropa por internet. Sé que muchos de los que me leéis pensais que soy afortunado al vivir a un tiro de piedra de la 'milla de la felicidad' de Preciados. El paraíso para cualquier shopper. Pero como reza el dicho: Dios da pañuelo...
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